“Andalucía no es un pueblo de locos y de imbéciles incapacitados”

“Andalucía no es un pueblo de locos y de imbéciles incapacitados”

 

“Su incapacidad no es más que el yugo caciquil a la que la oligarquía de Madrid la somete, impidiéndole pensar en una capacidad que no habría de poder ejercer bajo el yugo del cacique que Madrid le impone”

 

José Granero

 

96 años después, muchos de los temas tratados en el Manifiesto Andalucista de Córdoba de 1919 parecen de la más rabiosa actualidad. El manifiesto, también llamado “Manifiesto de la Nacionalidad” trata temas como la identidad del pueblo andaluz, la pobreza y el maltrato al que se ve sumido.

Desde la sociedad y la política, los andaluces somos muchas veces ridiculizados y tratados de incultos e imbéciles. También es una mofa constante nuestro acento, el dialecto andaluz o, más concretamente, la modalidad lingüística andaluza. Estas críticas e insultos son algo que no parece haber cambiado demasiado desde 1919, pues ya se hacía mención a ello en el manifiesto: “Andalucía no es un pueblo de locos y de imbéciles incapacitados. Su incapacidad no es más que el yugo caciquil a la que la oligarquía de Madrid la somete , impidiéndole pensar en una capacidad que no habría de poder ejercer bajo el yugo del cacique que Madrid le impone”.

En 1919, desde Andalucía se pedía autonomía al Estado central con las mismas competencias que pedía Cataluña: “No se rechace por extemporánea esta petición, arguyendo que no está Andalucía capacitada para usar su libertad. Este es el argumento que se usaba para defender la permanencia de la esclavitud individual, alegando que los esclavos no estaban capacitados para ser hombres libres”. En la Transición, algunos grupos políticos como UCD querían que nuestra región accediera a la autonomía por el régimen normal y no por el reservado a las “nacionalidades históricas”, que conllevaban un mayor grado de autonomía. Finalmente, gracias a las manifestaciones donde un millón y medio de andaluces salieron a la calle, Andalucía consiguió el mayor grado de autonomía.

Cuando os inciten a luchar contra las regiones hermanas, luchad por la libertad de Andalucía. Queremos libertad porque los Poderes Centrales jamás resolverán nuestros urgentes problemas

El Manifiesto Andalucista de Córdoba no es un texto exclusivo, es inclusivo. Pedían que se reconociera a Andalucía como lo que era, una nacionalidad histórica igual que Cataluña o el País Vasco y que los andaluces tomaran conciencia y lucharan por su tierra. Pedían la abolición de los “Poderes Centralistas” y la instauración de una Federación Hispánica, al uso de la Confederación Helvética (Suiza): “Ved que no puede existir unidad o solidaridad sin amor, ni amor sin respeto mutuo o libertad. Ved que la España uniformista nació muerta porque se fundó sobre la negación de los jugos vitales privativos de las nacionalidades hispanas, que constituyeron el alma potente de la España federada”. En la misma línea quitaban toda sombra de enemistad hacia los otros pueblos de la península ibérica.

Amamos la hermandad con todas las nacionalidades peninsulares, incluso Portugal, que sólo formarán con las demás una potente supernación, cuando todas ellas sean libres dentro de la unidad

Sobre la necesidad de autonomía para Andalucía, apelaba a la necesidad que los andaluces tomaran conciencia: “Andalucía quedará sola. Las demás nacionalidades van afirmándose y Andalucía se verá también en la necesidad de vivir por sí; es decir, de procurar su propia vida y progreso, si no quiere ser vilipendiada más que lo fuera hasta ahora”. Un punto común de todo el texto es la doble dirección a la que va dirigido. Por un lado se dirige a Madrid, y por otro directamente a los habitantes.

Andaluces: Andalucía es una nacionalidad porque una común necesidad invita a todos su hijos a luchar juntos por su común redención. Lo es también porque la Naturaleza y la historia hicieron de ella una distinción en el territorio hispánico. Lo es también porque, lo mismo en España que en el extranjero, se la señala como un territorio y un pueblo diferente. La degeneración de Andalucía será la de todos vosotros. Un pueblo abyecto y cobarde es un mero compuesto de individuos indignos y cobardes también

Otro de los grandes problemas de nuestra tierra ha sido siempre la emigración, acrecentada de nuevo estos años por culpa de la crisis económica y las decisiones sociales y económicas de los distintos gobiernos. La pobreza y la falta de oportunidades obligaba a los andaluces de principios de siglo a emigrar a otros lugares de España y el extranjero en busca de trabajo y el manifiesto no se olvidaba de ellos. En él, se dice que Andalucía “llora al ver sus hijos, tambaleándose de hambre y de dolor, emprender el camino amargo que a la emigración conduce, buscando tierras que ella no puede darles, porque entre unos cuantos señores la esclavizaron”.

La justicia gratuita, hoy maltratada por las tasas judiciales impuestas por el gobierno y que lacran el acceso a las personas con escasos ingresos también era una preocupación de los nacionalistas andaluces liderados por Blas Infante: “Queremos la justicia gratuita y la derogación de las leyes procesales civiles actuales y su sustitución por el arbitraje obligatorio y el establecimiento de un cuerpo de Magistrados asesores, encargados de los Registros civiles de personas o cosas”.

Tampoco falta la mención a las mujeres, en régimen de desigualdad frente al hombre: “Queremos dignificar a la mujer esclavizada por un bárbaro Derecho que tuvo en Roma su inspiración y que repugna al genio humano y generoso de Andalucía, la cual, cuando fue libre, aún bajo el régimen musulmán, dotó a sus mujeres de consideraciones, libertad y respectos similares a los que hoy gozan en los países más progresivos del mundo”. Hasta la instauración de la Segunda República, las mujeres no gozarían del derecho a voto. En el manifiesto de 1919 pedían igualdad frente al hombre: “Queremos reconocer conforme los artículos 14 y 15 de dicha Constitución, la independencia civil y social de la mujer. Toda subordinación que para ella establezcan las leyes quedará derogada desde la mayoría de edad”.

Por todo ello, el Manifiesto Andalucista de Córdoba de 1919 es más actual que nunca. Evidentemente, la situación económica, política y social dista mucho de ser la misma que la actual. Sin embargo, si no nos quedamos en la superficie sino que leemos entre líneas los problemas de fondo, podremos observar que hemos cambiado poco.

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