Un pueblo pequeño, un festival de altura

Un pueblo pequeño, un festival de altura

 

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Piedad Bejarano | El corazón de la Sierra Norte de Sevilla ha sido anfitrión de lujo para una cita anual con el cine de terror y la fantasía. San Nicolás del Puerto es el pueblo más pequeño de esta zona. Por las calles se huele a leña y naturaleza, se oye el silencio, muy lejos quedan los sonidos de las avenidas de la ciudad que bombardean con claxones, las sirenas y la polución. Este pequeño pueblo de gente llana y cercana, hospitalaria y sencilla, ha demostrado que en su saber hacer, está también el engendrar proyectos de peso. Hablamos del Festival Internacional de Cortometrajes de La Vieja Encina, que celebra este año su segunda edición en esta localidad sevillana. Un proyecto que si para alguien en algún momento se antojó mesiánico, ha dejado patente con creces que la cultura corre por las arterias de la provincia, que aman el cine, y que son capaces de desarrollar un festival de altura, haciendo gala de calidad, relevancia y gran organización, a pesar de los modestos presupuestos de los que se parten hoy día en la cultura, más en un pueblo pequeño.

cartel

El Festival se celebró en la localidad sevillana de San Nicolás del Puerto.

Poniendo en contexto este festival en el que El Patio y Sevilla Visual han participado como medio colaborador, hay que decir que su concepción primigenia parte de una larga tradición leyendística de la que hace gala San Nicolás del Puerto. El escritor autóctono Manuel Sánchez Chamorro, ya reflejó esta rica hemeroteca popular del boca a boca de leyendas de terror y fantasía que pululaban por el aire del pueblo entre sus gentes, como virutas de papel quemado que revolotean por la chimenea: candentes y vivas.

El festival toma así de este autor el nombre, homónimo del libro que recogía estas historias. El amor de esta localidad por el terror se refleja cada verano en lo que ellos denominan ‘La noche del terror’. Aldeanos, turistas y vecinos de pueblos cercanos se acercan a este recorrido por el bosque que se centra en torno a una historia de terror. Es importante señalar este hecho, pues de esta tradición por lo desconocido y misterioso, se fagocita este proyecto cuya alma máter es Juan Antonio Hidalgo Casaux, dinamizador del Centro Guadalinfo de San Nicolás del Puerto y Director del festival, enamorado confeso del cine , que con esfuerzo y ayuda de instituciones, colaboradores y vecinos ha logrado asentar su idea.

Esta segunda edición se ha desarrollado a lo largo de cuatro intensos días de trabajo y voluntad por parte de la organización que llena de ilusión ha volcado sus esfuerzos en hacer el festival posible. Desde la jornada del jueves 22 de enero hasta el domingo 25, se ha resumido el trabajo de casi un año. Cortometrajes de más de 50 nacionalidades diferentes han presentado su candidatura, aumentando la cifra de cortos presentados a 473.

El jurado de esta edición, compuesto por el actor andaluz Antonio de la Torre – nominado recientemente a los Goya 2015 por su papel en ‘La isla mínima’ -, Diego -Bermúdez realizador de televisión y profesor universitario-, Julio Fraga y Verónica Rodríguez, tuvieron la ardua tarea de seleccionar 35 cortos finalistas para la Sección Oficial, que competirían por cinco premios: 1º Premio del Jurado, dotado de 800 euros y estatuilla, 2º premio del Jurado con 400 euros y estatuilla, el Premio RTVA que otorga al ganador la difusión por alguno de sus medios, el premio del público – que durante estos cuatro días ha podido votar sus tres favoritos – y el premio de la Sierra Norte a cortometrajes autóctonos, a los que se presentaron candidatos de la propia localidad y los pueblos aledaños: Constantina y Cazalla.

Nacimiento del río Huésnar.

Nacimiento del río Huésnar.

Una cita con el cine en un enclave inmejorable, de disfrute para los sentidos, con las cascadas de Huéznar y el Cerro del Hierro como testigos del paso del tiempo. Y por el contrario a lo que muchos puedan pensar al ser un festival en un entorno pequeño, con pocos presupuestos, es un festival digno de piezas que han sido galardonadas en Sitgets o los Goya. Y también es una declaración de intenciones: demuestra que la cultura está viva y palpita también más allá de las grandes ciudades, que no todo va a ser pandereta y farolillo, que realmente sí existe un interés por iniciativas diferentes.

Comentaba conmigo un vecino en un café vespertino entre entrevista y entrevista con los invitados, que realmente se sentía orgulloso de esta iniciativa. Era un hombre sencillo, de campo, con su ganado, que confesaba no saber manejar “esas cosas de los ordenadores ni internet”, pero que expresó muy acertadamente su opinión al respecto: “estas ideas son necesarias para que se vea que hay interés por algo distinto. Yo no suelo ver este tipo de cine, es mi manera de acercarme y además, no siempre hay que buscar el dinero relativamente fácil con los mercados locales o las típicas fiestas”.

¿Realmente no existe interés en nuestras lindes por otra oferta?. Decía Antonio de la Torre, miembro del jurado de este festival, que “la sociedad necesita de la cultura para ser libre”, y que el cine era una herramienta que “generaba juicio crítico”. Bien lo sabe San Nicolás del Puerto, que ha callado sin quererlo, algunas voces de la ciudad que se aquejan de que no existe interés cultural en Andalucía. Se necesita cultura, y para amar la cultura hace falta educación. Aprender. Conocer. Y solo se puede conocer viendo y descubriendo, precisamente lo que hacen estas iniciativas que luchan por asentar el cine como referente en una localidad que por sí misma tiene su propia idiosincrasia y atractivo, como sus parajes naturales, su playa veraniega, o el entorno natural y kárstico que la arropa. Pero ahora, además, tiene el cine. Porque siempre lo han amado.

Juan Antonio Hidalgo Casaux, organizador del festival.

Juan Antonio Hidalgo Casaux, organizador del festival.

Juan Antonio Casaux nos contaba los ciclos de cine que organizaban en tiempos, en el lugar donde hoy día se celebra el festival – que para más inri era un antiguo cadalso-. Veladas nocturnas que capitaneaba junto al escritor antes mencionado, Sánchez Chamorro en las que disponían mesas de camilla para los asistentes – algo que sin duda es digno de mención, no todos los días una puede decir que ha desayunado una tostada de jamón serrano, aceite y tomate en una mesa camilla de un bar – les invitaban a anís y cacahuetes e iniciaban al público o compartían con los ya amantes declarados, la pasión por el cine, por el género de terror apelando a los clásicos, y por supuesto, llevar el cine a este pequeño rincón en distancias geográficas, pero grande en ideas.

El Festival La Vieja Encina, además de agente dinamizador y propulsor de la cultura en la zona, supone un atractivo turístico a la temporada de invierno de la que se aqueja la zona. Por eso la decisión de hacerse en enero, para fomentar un turismo diferente en la zona y apoyar a los comercios, casas rurales y hostelería. Que por cierto, para los foráneos que decidan pasarse por la próxima edición, no solo se llevarán lo mencionado, también podrá degustar una exquisita comida local de primera calidad, como bien hemos podido comprobar, además de la simpatía y amabilidad de los hosteleros que siempre están dispuestos a hacer una buena recomendación al comensal.

El domingo ha cerrado esta edición en un ambiente festivo, con una sala repleta, dirigida con una espontaneidad y frescura propia de la actriz Lucía Hoyos – nominada a los Goya 2015 por su papel en el cortometraje “Loco con ballesta” – la actuación del grupo de folk Alamanaque – una grata sorpresa con un vocalista y guitarrista de nacionalidad americana y una española – y la proyección de los cortometrajes premiados. También cabe mencionar que este festival ha querido incluir la música como actividad paralela a su programación, con dos conciertos entre los que se encontraban el directo de The Cool O que nos animó la noche del sábado con buena música blues y funky.

Los pormenores de la gala y los cortometrajes ganadores, quizá merezcan un artículo aparte, pero si cabe destacar la gran calidad de los seleccionados y ganadores, las nuevas generaciones que vienen pisando fuerte, y el apoyo de actores de peso en estos pequeños proyectos, pues, cómo compartió Lucía Hoyos con nosotros, “el cortometraje, a veces, tiene más capacidad de emocionar que un largo, y resume la esencia de lo que es el cine en un espacio de tiempo muy pequeño, algo que no es fácil”.

Consulta el Palmarés del II Festival de cortos de terror y fantástico La Vieja Encina

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